Confesión y perdón de los pecados

¿Por qué confesarse?

¡Porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios. Pues que el pecado de uno solo daña al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el sacramento tiene también como efecto la reconciliación con los hermanos.

¿Cómo confesarse?

No es siempre fácil confesarse: no se sabe qué decir, se cree que no es necesario dirigirse al sacerdote… tampoco es fácil confesarse bien: hoy como ayer, la dificultad más grande es la exigencia de orientar de nuevo nuestros pensamientos, palabras y acciones que, por nuestra culpa, nos distancian del Evangelio. Es necesario “un camino de auténtica conversión, que lleva consigo un aspecto negativo de liberación del pecado, y otro aspecto positivo de elección del bien enseñado por el Evangelio de Jesús. Éste es el contexto para la digna celebración del sacramento de la Penitencia. El camino a recorrer, comienza por la escucha de la voz de Dios y prosigue con el examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta y, finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada.

¿Qué confesar?

“El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerde, tras examinar cuidadosamente su conciencia. La confesión de las faltas veniales, está recomendada vivamente por la Iglesia” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1493).

Examen de conciencia

Consiste en interrogarse sobre el mal cometido y el bien emitido: hacia Dios, el prójimo y nosotros mismos.

En relación con Dios

¿Sólo me dirijo a Dios en caso de necesidad?, ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta?, ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración?, ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico?, ¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago?, ¿Me revelo contra los designios de Dios? o ¿Pretendo que él haga mi voluntad?

En relación con el prójimo

¿Sé perdonar, tengo compresión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabra? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de os enfermos? ¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

En relación conmigo mismo

¿Soy un poco  mundano y un poco creyente? ¿Como, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado   de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde y constructor de paz?

Acto de contrición

Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis pecados y me has de llevar a la vida eterna.